martes, 12 de enero de 2016

CHILAM BALAM

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Mundo maya
Libros del Chilam Balam
Chilam significa "el que es boca"; es decir, el que profetiza; los chilames eran los sacerdotes que interpretaban los libros antiguos para extraer de ellos profecías, el conocimiento de los hechos futuros. Para los mayas, el arte de profetizar era posible porque creían que el tiempo era una sucesión de ciclos cósmicos y que los acontecimientos, dependiendo de estos ciclos, podían repetirse. Así, a los chilames se les consideraba intérpretes de los mensajes de los dioses.
Balam significa "jaguar" o "brujo", y es, en realidad, un nombre de familia. Se dice que Chilam Balam fue un taumaturgo, un sacerdote del pueblo de Maní que vivió poco antes de la Conquista y que tenía gran reputación como profeta. Cuentan que junto con otros sacerdotes, llamados Napuctun, Al Kauil Chel, Nahau Pech y Natzin Yubun Chan, predijo la llegada de una nueva religión; tras la Conquista, esto se interpretó como un aviso de la llegada de los españoles y del cristianismo.
Generalmente, las profecías se encuentran en los libros sagrados; de ahí derivó el llamarles genéricamente chilam balames. Cada poblado escribió su propio libro, por lo que existen chilam balames de numerosas poblaciones; entre ellas: Maní, Tizimín, Chumayel, Kahua, Ixil, Tekax, Nah y Tusik; el más conocido es el Chilam Balam de Chumayel.
En su libro El A,B,C del arte maya, Fernando Medina Ruiz comenta: "En el periodo clásico la literatura maya (temprana) fue oral, abstracta, antifonal y sumamente simbólica. Es muy poco lo que se conserva de ella, aunque se advierte que era musical, diáfana, emotiva, impetuosa y retraída como el alma maya tocada de fatalismo y eternidad".
Para ilustrar este brillante análisis recurre a un poema profético contenido en el Chilam Balam de Tizimín:
Come, come para que tengas pan;
bebe, bebe para que tengas agua.
Ese día, polvo cubrirá la Tierra;
ese día, una plaga cubrirá la faz de la Tierra;
ese día, una nube se alzará;
ese día, un hombre fuerte se apoderará de la Tierra;
ese día, las casas caerán en ruinas;
ese día, el tierno follaje será destruido;
ese día, habrá tres signos en el árbol;
ese día, tres generaciones penderán de él;
ese día, será izado el estandarte de la batalla
y [los hombres] se dispersarán por el bosque.

El Chilam Balam de Chumayel procede de Chumayel, distrito de Tekax, Yucatán; se supone que el compilador fue un indígena llamado Juan José Hoil, de Yucatán, ya que su nombre aparece en la página 81 del manuscrito, al lado de la fecha 20 de enero de 1782; pero es claro que después participaron otras personas que interpolaron diversos textos. Luego pasó a manos de Justo Balam, quien era, presumiblemente, un sacerdote o su secretario. Él inscribió, en 1832 o 1833, dos registros bautismales en una de las páginas en blanco del libro. A partir de entonces, éste cambió de dueño varias veces hasta que llegó a manos de don Crescencio Carrillo y Ancona, obispo de Yucatán. En 1887, el texto fue fotografiado por Teobert Maler; diez años después, tras la muerte de Carrillo y Ancona, fue adquirido por Ricardo Figueroa. Éste lo cedió en préstamo a George B. Gordon, director del Museo de la Universidad de Pennsylvania, para que hiciera una reproducción fotográfica y una edición facsimilar que a la postre resultarían afortunadas.
Cuando murió Figueroa, en 1915, el manuscrito fue llevado a la Biblioteca Cepeda de Mérida. Cuando el arqueólogo mayista Sylvanus G. Morley intentó verlo, en 1918, el libro había sido robado junto con otros manuscritos. Por fortuna, aún quedaban las copias de Maler y de Gordon. Veinte años después, el libro apareció a la venta en los Estados Unidos con un precio de siete mil dólares; más tarde se lo ofrecieron a Morley en cinco mil dólares.
La primera traducción completa de la obra al español fue una versión de Antonio Mediz Bolio, editada en Costa Rica en 1930; posteriormente, en 1933, se editó la versión en inglés, realizada por Ralph L. Roys y publicada por la Carnegie Institution de Washington. La mayor parte de las ediciones en español derivan de la traducción de Mediz Bolio.
La mayor parte de los textos del Chilam Balam de Chumayel son de índole religiosa; destacan, particularmente, los fragmentos relativos a los mitos cosmogónicos, sin aparente conexión entre ellos, tal vez porque hacen referencia a leyendas de diferentes grupos, como los quichés y los nahuas. Otros son de carácter ritual, calendárico o astronómico; existen también textos históricos acerca de los principales grupos mayas yucatecos y lo que les aconteció tras la Conquista. La obra concluye con las célebres profecías sobre la llegada de una nueva religión realizadas por el Chilam Balam histórico y otros taumaturgos.

Los escritos míticos y proféticos están redactados en un lenguaje de alto contenido simbólico y con múltiples significados, en el cual se emplean metafóricamente objetos, colores y seres naturales para expresar ideas. Es evidente que con esta escritura se pretendía no sólo dar a los textos un carácter esotérico, sino ocultar a los profanos su significado verdadero.
Por el contrario, los fragmentos históricos asientan escuetamente los hechos y la fecha en que acaecieron, tal como debieron registrarse en los códices de la antigüedad. Destacan, particularmente, las narraciones de la Conquista, sembradas de lamentos, indignación y desprecio por la rapacidad de los españoles. Los mayas de entonces quisieron que estos acontecimientos no fueran olvidados por sus descendientes. Gracias a ello nos legaron, en el Chilam Balam de Chumayel, un libro de misteriosa belleza que permanecerá vivo mientras sus páginas se abran ante nuestros ojos y los de las generaciones venideras.
Gran parte de los chilam balames restantes deben permanecer aún en manos de las comunidades indígenas que han resguardado sus tradiciones a pesar de los embates de la modernidad. Los chilames balames fueron escritos en papel europeo, en forma de cuadernos. En general, su contenido es una recopilación de textos diversos redactados en diferentes épocas a partir del siglo XVI; los hay míticos, históricos -principalmente acerca de la trayectoria de los xiúes y los itzaes- proféticos, rituales, médicos, astronómicos y cronológicos, literarios, y algunos más no clasificados.
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Conforme se deterioraban, los chilam balames eran copiados, lo que provocó numerosos errores de transcripción. También se les integraron nuevos textos, según el criterio de los depositarios; por lo tanto, las versiones que conocemos no son las originales, sino copias realizadas a finales del siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII.




   

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