sábado, 19 de diciembre de 2015

FUEGO NUEVO

LEYENDA DEL FUEGO NUEVO


Yax Kin, Sol Nuevo
Los mayas asociaban la celebración del Nuevo Sol con el
acto de encender el fuego, algo que había venido sucediendo casi
simultáneamente desde los tiempos más remotos, simbolizando
el triunfo de la llama de la vida sobre el soplo helado de la muer-
te. La ceremonia era de un extremado dramatismo, a pesar de que
incluyera danzas, procesiones al son de la música y el rumor del
viento enredado en los ramajes.
Para adentrarse en el fondo de este rito anual de los antiguos
mayas es preciso remontarse muchos siglos atrás. Cuenta la
leyenda que al detenerse las aguas que habían inundado la tierra,
luego de un diluvio, los supervivientes se sintieron ateridos y
hambrientos, por eso se reunieron en la cima de las altas mon-
tañas, que no habían sido cubiertas por la masa líquida. Muchos
de ellos morirían aún por efecto del intenso frío y de la falta de
alimentos calientes. La tierra que emergía de su larga inmersión
se cubría con un denso manto de neblina.
En esta etapa crucial de la vida humana y de la existencia del
Mundo, no había cerillas ni encendedores para producir el fuego.
Éste se obtenía por medio de la técnica primitiva de frotar tron-
cos secos. Pero en la época del diluvio no había madera seca. El
prolongado temporal lo mantenía todo húmedo. Las brasas se                                        
habían consumido en los fogones de las cocinas




 y el sol permanecía escondido tras las nubes.    Era tiempo de angustia y llantos. Los escasos supervivientes se
preguntaban  afligidos:
—¿Es que ya no veremos más la luz del sol?

Y lloraban amargamente creyendo que el cataclismo había
apagado para siempre el vivo resplandor del sol, y que sus rayos no volverían a calentar sus cuerpos, ni a iluminar el Mundo, ni a provocar la germinación de las plantas. Por eso, cuando al fin brilló de nuevo el Sol devolviendo la luz y la  vida a una tierra sumida en el caos, los sobrevivientes lo atribuyeron al hecho de que Dios había escuchado sus ruegos y que la nueva luz traía una carga de esperanza. Diezmados ,famélicos y calados hasta los
huesos, se hincaron de rodillas elevando salmos de gratitud, que subieron desde el fondo de sus corazones atormentados Desde entonces, y a través de las edades, el recuerdo de aquel día cuando el Sol volvió a asomar su rostro , se grabó con signos indelebles en el corazón de los mayas y fue conmemorado con 
suntuosas ceremonia.  


                                           
En un lugar de la sierra hacia el Oriente, de donde primero se habían retirado las aguas, unos hombres alocados por el prolongado sufrimiento, se pusieron a frotar frenéticamente unos troncos de madera que el nuevo Sol había secado a medias; y tras duros esfuerzos. lograron -producir las primeras chispas, que sopladas con fuerza .sobre las podridas maderas se irguieron al fin en ardientes llamaradas, que elevaron al cielo su rojizo
esplendor, ¡Se había producido el milagro' ¡El fuego nacía de nuevo avivado  por los rayos del Sol
    En la cima de la montaña los supervivientes enloquecían de alegría. Bailaron, saltaron ,  se abrazaron. olvidando sus largos padecimientos. Sobre toscos altares de piedra cubiertos    todavía   por el musgo depositado por la prolongada inmersión, los sacerdotes hicieron sacrificios de animales y aves y. luego, quemaron incienso de copal. Al remontarse el humo en aquella tarde triste fue visto también por otros grupos humanos, que habían buscado su salvación en alejadas montañas, los cuales exclamaron alborozados:


                                   

                                                                                                                                                                                                                                                      


El fuego ha vuelto' ,Ved allí como arde ,los que todavía tengan fuerzas para caminar, que vayan hasta aquellas montañas a pedir el fuego a los dichosos que ya lo tienen “delgados y macilentos, realizando un gran esfuerzo para consonar la vida. los míseros sobrevivientes marcharon sobre la tierra enfangada rumbo a la cumbre lejana, en la que brillaba el Fuego Nuevo. Cuando por fin alcanzaron la elevada meseta y vieron la crujiente hoguera elevándose triunfal, se acercaron a las llamas para calentar sus cuerpos duramente entumecidos.

Dadnos el fuego, hermanos —imploraron.—Acercad vuestros leños y llevadlos convertidos en braseros contestaron los afortunados que habían hecho brotar el fuego de nuevo. De todos los rumbos habían llegado hombres a pedir el fuego unos tras otros arrimaban un leño a las llamas, lo encendían y partían tremolándolo al viento rumbo a sus lejanos destinos El fuego iluminó de nuevo las cocinas mayas y. como brotando de innumerables incensarios litúrgico ,de los fogones ardientes y enrojecidos se elevó otra vez el humo anunciador del resurgimiento de las condiciones que hacen posible el mantenimiento de la vida humana. Imaginemos por un momento las dramáticas demostraciones de alegría con que fueron recibidos los emisarios que retornaban a sus lugares trayendo el fuego sagrado. En medio de la tremenda desolación del caos reinante, aquel fuego providencial tuvo el significado del renacimiento de la vida Desde aquel histórico episodio, generación tras generación, por siglos y milenios los pueblos mayas permanecieron fieles a la celebración de la evocadora tradición de Encender el fuego Nuevo. Durante el periodo de la conquista, los españoles suprimieron estos ritos en muchos sitios, al calificarlos de festividad pagana, pero allá. En aquellos rincones donde no llegaba la vigilancia del inquisidor.
Los mayas siguieron conmemorando el antiguo acontecimiento con un ceremonial lleno del místico dramatismo y de alegóricas reminiscencias.
                                                                                                             
En los pueblos de abolengo maya, el Fuego Nuevo se encendía al finalizar el mes de cinco días del Haab, llamado



El Uayeb, dedicado al tiempo aciago, en el que no se trabajaba y

se ayunaba, manteniendo las cocinas apagadas, para volver a

encenderlas en el Gran Día con la liturgia sacramental. Entonces

tenía lugar un espectáculo extraordinario.

Todos velaban la víspera del Nuevo Sol. Los sacerdotes

mayas vestían sus ornamentos resplandecientes de ceremonia»,

en los que se había dibujado el símbolo Yax Km (Sol Nuevo). Al

amanecer, en el momento que se veían los primeros tintes rosa-

dos de la aurora, hacían sonar alegremente los cascabeles de
cobre que eran objeto del culto solar. Redoblaban los Tunkules.
sonaban los roncos caracoles y los pitos de barro, que por milla-
res soplaban los asistentes.

Las novicias vírgenes, ungidas con «agua sin pecar», con la

cabeza adornada con girasoles y tréboles, se aproximaban con

humeantes braseros a un enorme montón de leña levantado en la

explanada principal. Ah Kilel encendía una antorcha en el brase-

ro y prendía fuego a la leña con ella. Los presentes, por turno
hacían arder su respectiva rama de leña en la hoguera y, luego,
regresaban a sus hogares para encender la lumbre casera, que
durante aquellos cinco días había permanecido apagada. A  las
cinco de la tarde, el fuego que se había encendido en Copan lle-
gaba a muchos kilómetros de distancia, llevado por los emisarios
veloces que tenían el rango de portadores del fuego sagrado.

En estos ritos se descubren las evocaciones al diluvio y a te

recuperación de la Luz y el Fuego. Los cinco días de abstinencia

del Uayeb, que corno se sabe significa dias aciagos. simbolizan

el periodo de la prolongada espera en la oscura etapa diluvial.

durante la cual los primeros mayas padecieron hambre y frió. La
salida del Sol al amanecer del Sexto Oía ofrecía el significado
alegórico de aquel lejano acontecimiento cuando el Sol se mostró
otra vez

En muchos lugares del Yucatán perdura esta trágica leyenda.

que se llama el Día de Lempira y se celebra el 20 de julio. Se

reproduce la Ceremonia del Fuego Nuevo, lo que supone un bello

espectáculo por la solemnidad y colorido de las ceremonias, que

son el mejor  testimonio de pasadas grandezas.







                                                                                                                                           
 El Uayeb, dedicado al tiempo aciEl Uayeb, dedicado al tiempo aciago, en el que no se trabajaba y se  ayunaba, manteniendo las cocinas apagadas, para volver a

encenderlas en el Gran Día con la liturgia sacramental. Entonces

tenía lugar un espectáculo extraordinario.

Todos velaban la víspera del Nuevo Sol. Los sacerdotes

mayas vestían sus ornamentos resplandecientes de ceremonia»,

en los que se había dibujado el símbolo Yax Km (Sol Nuevo). Al

amanecer, en el momento que se veían los primeros tintes rosa-
dos de la aurora, hacían sonar alegremente los cascabeles de
cobre que eran objeto del culto solar. Redoblaban los Tunkules.
sonaban los roncos caracoles y los pitos de barro, que por milla-
res soplaban los asistentes.

Las novicias vírgenes, ungidas con «agua sin pecar», con la

cabeza adornada con girasoles y tréboles, se aproximaban con

humeantes braseros a un enorme montón de leña levantado en la

explanada principal. Ah Kilel encendía una antorcha en el brase-
ro y prendía fuego a la leña con ella. Los presentes, por turno
hacían arder su respectiva rama de leña en la hoguera y, luego,
regresaban a sus hogares para encender la lumbre casera, que
durante aquellos cinco días había permanecido apagada. A  las
cinco de la tarde, el fuego que se había encendido en Copan lle-
gaba a muchos kilómetros de distancia, llevado por los emisarios
veloces que tenían el rango de portadores del fuego sagrado.











En estos ritos se descubren las evocaciones al diluvio y a la recuperación de la Luz y el Fuego. Los cinco días de abstinencia del Uayeb, que corno se sabe significa días aciagos. simbolizan el periodo de la prolongada espera en la oscura etapa diluvial.durante la cual los primeros mayas padecieron hambre y frió. La salida del Sol al amanecer del Sexto Oía ofrecía el significado alegórico de aquel lejano acontecimiento cuando el Sol se mostró otra vez En muchos lugares del Yucatán perdura esta trágica leyenda. que se llama el Día de Lempira y se celebra el 20 de julio. Se reproduce la Ceremonia del Fuego Nuevo, lo que supone un bello espectáculo por la solemnidad y colorido de las ceremonias, que son el mejor  testimonio de pasadas grandezas.


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