sábado, 19 de diciembre de 2015

FUEGO NUEVO

LEYENDA DEL FUEGO NUEVO


Yax Kin, Sol Nuevo
Los mayas asociaban la celebración del Nuevo Sol con el
acto de encender el fuego, algo que había venido sucediendo casi
simultáneamente desde los tiempos más remotos, simbolizando
el triunfo de la llama de la vida sobre el soplo helado de la muer-
te. La ceremonia era de un extremado dramatismo, a pesar de que
incluyera danzas, procesiones al son de la música y el rumor del
viento enredado en los ramajes.
Para adentrarse en el fondo de este rito anual de los antiguos
mayas es preciso remontarse muchos siglos atrás. Cuenta la
leyenda que al detenerse las aguas que habían inundado la tierra,
luego de un diluvio, los supervivientes se sintieron ateridos y
hambrientos, por eso se reunieron en la cima de las altas mon-
tañas, que no habían sido cubiertas por la masa líquida. Muchos
de ellos morirían aún por efecto del intenso frío y de la falta de
alimentos calientes. La tierra que emergía de su larga inmersión
se cubría con un denso manto de neblina.
En esta etapa crucial de la vida humana y de la existencia del
Mundo, no había cerillas ni encendedores para producir el fuego.
Éste se obtenía por medio de la técnica primitiva de frotar tron-
cos secos. Pero en la época del diluvio no había madera seca. El
prolongado temporal lo mantenía todo húmedo. Las brasas se                                        
habían consumido en los fogones de las cocinas




 y el sol permanecía escondido tras las nubes.    Era tiempo de angustia y llantos. Los escasos supervivientes se
preguntaban  afligidos:
—¿Es que ya no veremos más la luz del sol?

Y lloraban amargamente creyendo que el cataclismo había
apagado para siempre el vivo resplandor del sol, y que sus rayos no volverían a calentar sus cuerpos, ni a iluminar el Mundo, ni a provocar la germinación de las plantas. Por eso, cuando al fin brilló de nuevo el Sol devolviendo la luz y la  vida a una tierra sumida en el caos, los sobrevivientes lo atribuyeron al hecho de que Dios había escuchado sus ruegos y que la nueva luz traía una carga de esperanza. Diezmados ,famélicos y calados hasta los
huesos, se hincaron de rodillas elevando salmos de gratitud, que subieron desde el fondo de sus corazones atormentados Desde entonces, y a través de las edades, el recuerdo de aquel día cuando el Sol volvió a asomar su rostro , se grabó con signos indelebles en el corazón de los mayas y fue conmemorado con 
suntuosas ceremonia.  


                                           
En un lugar de la sierra hacia el Oriente, de donde primero se habían retirado las aguas, unos hombres alocados por el prolongado sufrimiento, se pusieron a frotar frenéticamente unos troncos de madera que el nuevo Sol había secado a medias; y tras duros esfuerzos. lograron -producir las primeras chispas, que sopladas con fuerza .sobre las podridas maderas se irguieron al fin en ardientes llamaradas, que elevaron al cielo su rojizo
esplendor, ¡Se había producido el milagro' ¡El fuego nacía de nuevo avivado  por los rayos del Sol
    En la cima de la montaña los supervivientes enloquecían de alegría. Bailaron, saltaron ,  se abrazaron. olvidando sus largos padecimientos. Sobre toscos altares de piedra cubiertos    todavía   por el musgo depositado por la prolongada inmersión, los sacerdotes hicieron sacrificios de animales y aves y. luego, quemaron incienso de copal. Al remontarse el humo en aquella tarde triste fue visto también por otros grupos humanos, que habían buscado su salvación en alejadas montañas, los cuales exclamaron alborozados:


                                   

                                                                                                                                                                                                                                                      


El fuego ha vuelto' ,Ved allí como arde ,los que todavía tengan fuerzas para caminar, que vayan hasta aquellas montañas a pedir el fuego a los dichosos que ya lo tienen “delgados y macilentos, realizando un gran esfuerzo para consonar la vida. los míseros sobrevivientes marcharon sobre la tierra enfangada rumbo a la cumbre lejana, en la que brillaba el Fuego Nuevo. Cuando por fin alcanzaron la elevada meseta y vieron la crujiente hoguera elevándose triunfal, se acercaron a las llamas para calentar sus cuerpos duramente entumecidos.

Dadnos el fuego, hermanos —imploraron.—Acercad vuestros leños y llevadlos convertidos en braseros contestaron los afortunados que habían hecho brotar el fuego de nuevo. De todos los rumbos habían llegado hombres a pedir el fuego unos tras otros arrimaban un leño a las llamas, lo encendían y partían tremolándolo al viento rumbo a sus lejanos destinos El fuego iluminó de nuevo las cocinas mayas y. como brotando de innumerables incensarios litúrgico ,de los fogones ardientes y enrojecidos se elevó otra vez el humo anunciador del resurgimiento de las condiciones que hacen posible el mantenimiento de la vida humana. Imaginemos por un momento las dramáticas demostraciones de alegría con que fueron recibidos los emisarios que retornaban a sus lugares trayendo el fuego sagrado. En medio de la tremenda desolación del caos reinante, aquel fuego providencial tuvo el significado del renacimiento de la vida Desde aquel histórico episodio, generación tras generación, por siglos y milenios los pueblos mayas permanecieron fieles a la celebración de la evocadora tradición de Encender el fuego Nuevo. Durante el periodo de la conquista, los españoles suprimieron estos ritos en muchos sitios, al calificarlos de festividad pagana, pero allá. En aquellos rincones donde no llegaba la vigilancia del inquisidor.
Los mayas siguieron conmemorando el antiguo acontecimiento con un ceremonial lleno del místico dramatismo y de alegóricas reminiscencias.
                                                                                                             
En los pueblos de abolengo maya, el Fuego Nuevo se encendía al finalizar el mes de cinco días del Haab, llamado



El Uayeb, dedicado al tiempo aciago, en el que no se trabajaba y

se ayunaba, manteniendo las cocinas apagadas, para volver a

encenderlas en el Gran Día con la liturgia sacramental. Entonces

tenía lugar un espectáculo extraordinario.

Todos velaban la víspera del Nuevo Sol. Los sacerdotes

mayas vestían sus ornamentos resplandecientes de ceremonia»,

en los que se había dibujado el símbolo Yax Km (Sol Nuevo). Al

amanecer, en el momento que se veían los primeros tintes rosa-

dos de la aurora, hacían sonar alegremente los cascabeles de
cobre que eran objeto del culto solar. Redoblaban los Tunkules.
sonaban los roncos caracoles y los pitos de barro, que por milla-
res soplaban los asistentes.

Las novicias vírgenes, ungidas con «agua sin pecar», con la

cabeza adornada con girasoles y tréboles, se aproximaban con

humeantes braseros a un enorme montón de leña levantado en la

explanada principal. Ah Kilel encendía una antorcha en el brase-

ro y prendía fuego a la leña con ella. Los presentes, por turno
hacían arder su respectiva rama de leña en la hoguera y, luego,
regresaban a sus hogares para encender la lumbre casera, que
durante aquellos cinco días había permanecido apagada. A  las
cinco de la tarde, el fuego que se había encendido en Copan lle-
gaba a muchos kilómetros de distancia, llevado por los emisarios
veloces que tenían el rango de portadores del fuego sagrado.

En estos ritos se descubren las evocaciones al diluvio y a te

recuperación de la Luz y el Fuego. Los cinco días de abstinencia

del Uayeb, que corno se sabe significa dias aciagos. simbolizan

el periodo de la prolongada espera en la oscura etapa diluvial.

durante la cual los primeros mayas padecieron hambre y frió. La
salida del Sol al amanecer del Sexto Oía ofrecía el significado
alegórico de aquel lejano acontecimiento cuando el Sol se mostró
otra vez

En muchos lugares del Yucatán perdura esta trágica leyenda.

que se llama el Día de Lempira y se celebra el 20 de julio. Se

reproduce la Ceremonia del Fuego Nuevo, lo que supone un bello

espectáculo por la solemnidad y colorido de las ceremonias, que

son el mejor  testimonio de pasadas grandezas.







                                                                                                                                           
 El Uayeb, dedicado al tiempo aciEl Uayeb, dedicado al tiempo aciago, en el que no se trabajaba y se  ayunaba, manteniendo las cocinas apagadas, para volver a

encenderlas en el Gran Día con la liturgia sacramental. Entonces

tenía lugar un espectáculo extraordinario.

Todos velaban la víspera del Nuevo Sol. Los sacerdotes

mayas vestían sus ornamentos resplandecientes de ceremonia»,

en los que se había dibujado el símbolo Yax Km (Sol Nuevo). Al

amanecer, en el momento que se veían los primeros tintes rosa-
dos de la aurora, hacían sonar alegremente los cascabeles de
cobre que eran objeto del culto solar. Redoblaban los Tunkules.
sonaban los roncos caracoles y los pitos de barro, que por milla-
res soplaban los asistentes.

Las novicias vírgenes, ungidas con «agua sin pecar», con la

cabeza adornada con girasoles y tréboles, se aproximaban con

humeantes braseros a un enorme montón de leña levantado en la

explanada principal. Ah Kilel encendía una antorcha en el brase-
ro y prendía fuego a la leña con ella. Los presentes, por turno
hacían arder su respectiva rama de leña en la hoguera y, luego,
regresaban a sus hogares para encender la lumbre casera, que
durante aquellos cinco días había permanecido apagada. A  las
cinco de la tarde, el fuego que se había encendido en Copan lle-
gaba a muchos kilómetros de distancia, llevado por los emisarios
veloces que tenían el rango de portadores del fuego sagrado.











En estos ritos se descubren las evocaciones al diluvio y a la recuperación de la Luz y el Fuego. Los cinco días de abstinencia del Uayeb, que corno se sabe significa días aciagos. simbolizan el periodo de la prolongada espera en la oscura etapa diluvial.durante la cual los primeros mayas padecieron hambre y frió. La salida del Sol al amanecer del Sexto Oía ofrecía el significado alegórico de aquel lejano acontecimiento cuando el Sol se mostró otra vez En muchos lugares del Yucatán perdura esta trágica leyenda. que se llama el Día de Lempira y se celebra el 20 de julio. Se reproduce la Ceremonia del Fuego Nuevo, lo que supone un bello espectáculo por la solemnidad y colorido de las ceremonias, que son el mejor  testimonio de pasadas grandezas.


martes, 24 de noviembre de 2015

RELATO SOBRE LOS MAYAS I



UN RELATO SOBRE LOS MAYAS

Los toltecas dejaron Tollan en el 987 d.C. bajo el liderazgo de Topiltzin-Quetzalcóatl, molestos con las abominaciones religiosas y buscando un lugar donde poder dar culto como en los días de antaño. Así fue como llegaron a Yucatán. Seguramente, podrían haber encontrado un lugar más cercano, haciendo así su viaje menos arduo, teniendo que pasar por menos territorios de tribus hostiles. Sin embargo, decidieron llevar a cabo una larga caminata de más de mil quinientos kilómetros hasta una tierra diferente en todos los aspectos ,de la suya propia. No se detuvieron hasta llegar a Chichén Itzá. ¿Por qué? ¿Cuál era el imperativo para llegar a la ciudad sagrada que los mayas ya habían abandonado? Tan sólo podemos buscar una respuesta en sus ruinas.

De fácil acceso desde Mérida, la capital administrativa de Yucatán, se ha comparado a Chichén Itzá con la italiana Pompeya, en donde, después de quitar las cenizas volcánicas bajo las cuales yacía enterrada, salió a la luz una ciudad romana, con sus calles, sus casas y sus murales, con sus pintadas callejeras y todo. Aquí, lo que había que quitar era la cubierta selvática, recompensando al visitante con un doble regalo: una visita a una ciudad maya del «Imperio Antiguo», y una imagen especular de Tollan, tal como sus emigrantes la habían visto por última vez; pues cuando los toltecas llegaron, reconstruyeron y construyeron Chichén Itzá a imagen de su antigua capital.

Los arqueólogos creen que en este lugar hubo una importante población incluso en el primer milenio a.C. Las Crónicas de Chilam Balam dan fe de que hacia el 450 d.C, Chichén Itzá era la principal ciudad sagrada de Yucatán. Entonces, se le llamaba Chichén, «la boca del pozo», pues su rasgo más sagrado era un cenote o pozo sagrado al cual llegaban peregrinos de todas partes. La mayor parte de los restos visibles de aquella era de dominación maya están situados en la parte sur, lo que han dado en llamar el «Viejo Chichen». Es aquí donde están ubicados la mayor parte de los edificios descritos y dibujados por Stephens y Catherwood, y llevan nombres tan románticos como Akab-Dzib («lugar de la escritura oculta»), El Templo de las Monjas, el Templo de los Umbrales, etc.

Los últimos en ocupar (o, más bien, reocupar) Chichen Itzá antes de la llegada de los toltecas fueron los itzaes, tribu que algunos consideran parientes de los toltecas y otros ven como emigrantes del sur. Fueron ellos los que le dieron al lugar su actual nombre, que significa «La boca del pozo de los itzaes», y construyeron su propio centro ceremonial al norte de las ruinas mayas; los edificios más famosos del lugar, la gran pirámide central («el Castillo») y el observatorio (el Caracol) los construyeron ellos -luego se apoderarían de éstos los toltecas, que los reconstruirían cuando recrearon Tollan en Chichén Itzá. El descubrimiento fortuito de una entrada permite al visitante de hoy pasar por el espacio que queda entre la pirámide de los itzaes y la de los toltecas, que cubre a la anterior, y ascender por la antigua escalinata hasta el santuario itzá, en donde los toltecas instalaron una imagen de Chacmool y de un jaguar. Desde el exterior, sólo se puede ver la estructura tolteca, una pirámide que se eleva en nueve niveles hasta una altura de unos 56 metros. Consagrada al dios de la Serpiente Emplumada, Quetzalcóatl-Kukulcán, no sólo se le venera con ornamentos de serpientes emplumadas, sino también incorporando en la estructura diversos aspectos calendáricos, como la construcción en cada uno de los cuatro lados de la pirámide de una escalinata con 91 peldaños que, junto con el último «peldaño» o plataforma superior suman los días del año solar (91 x 4 + 1 = 365).

Otra estructura, llamada el Templo de los Guerreros, duplica literalmente la pirámide de los Atlantes de Tula, tanto por su ubicación y orientación como por su escalinata, las serpientes emplumadas de piedra que la flanquean, su decoración y sus esculturas.


Al igual que en Tula (Tollan), frente a esta pirámide-templo, al otro lado de la gran plaza, está el principal juego de pelota. Es una inmensa cancha rectangular de casi 190 metros de larga -la más grande de América Central. Altos muros se elevan a lo largo de sus costados, y en el centro de cada uno de ellos, a algo más de diez metros del suelo, sobresale un anillo de piedra decorado con tallas de serpientes entrelazadas. Para vencer en el juego, los jugadores tenían que lanzar una pelota maciza de caucho a través de los anillos. Cada equipo lo componían siete jugadores; el equipo que perdía pagaba un alto precio: su líder era decapitado. Unos paneles de piedra, decorados con bajorrelieves que representaban escenas del juego, se instalaban en toda la longitud de estas largas paredes. El panel central de la pared oriental muestra todavía al líder del equipo ganador (a la izquierda) sosteniendo la cabeza cortada del líder del equipo perdedor.

Tan severo fin sugiere que en este juego de pelota había algo más que juego y entretenimiento. En Chichén Itzá, como en Tula, había varias canchas para el juego de pelota, quizá para entrenarse o para juegos menos importantes. La cancha principal era única por su tamaño y esplendor, y la importancia de lo que pudo acaecer en ella viene subrayado por el hecho de que estuviera acompañada por tres templos ricamente decorados con escenas de guerreros, de enfrentamientos mitológicos, el Árbol de la Vida y una deidad alada y con barba provista de dos cuernos .

Todo esto, junto con la diversidad y la vestimenta de los jugadores, nos habla de un acontecimiento ínter tribal, si no internacional, de gran importancia política y religiosa. El número de los jugadores (siete), la decapitación del líder del equipo perdedor y el uso de una pelota de caucho parecen remedar un relato mitológico del Popol Vuh en el que se da un combate entre dioses que adopta la forma de una competición con una pelota de caucho. En ésta, se enfrentaban el dios Siete-Macaw y sus dos hijos contra varios dioses celestes, incluidos el Sol, la Luna y Venus. El hijo Siete, derrotado, fue decapitado: «Se le separó la cabeza del cuerpo y cayó rodando, se le sacó el corazón del pecho. Pero, siendo un dios, se le resucitó y se convirtió en un estrella.

Esta representación de acontecimientos divinos convertiría esta costumbre tolteca en algo parecido a las representaciones religiosas del antiguo Oriente Próximo. En Egipto, la desmembración y la resurrección de Osiris se representaba anualmente en una obra de misterios en la cual los actores, entre los que estaba el faraón, hacían los papeles de diversos dioses; y en Asiría, en una compleja representación que también se llevaba a cabo todos los años, se ponía en escena una batalla entre dos dioses en la cual el perdedor era ejecutado, para ser perdonado y resucitado más tarde por el dios del Cielo. En Babilonia, se leía todos los años el Enuma-elish, la epopeya que describía la creación del Sistema Solar, como parte de las celebraciones de Año Nuevo; en ésta, se representaba la colisión celeste que llevó a la creación de la Tierra (el Séptimo Planeta) como la muerte y decapitación de la monstruosa Tiamat a manos del supremo dios babilónico Marduk.

El mito maya y su representación, haciéndose eco de los «mitos» de Oriente Próximo y sus representaciones, parecen haber conservado los elementos celestiales del relato y el simbolismo del número siete, en su relación con el planeta Tierra. Es significativo que en las imágenes mayas y toltecas que hay a lo largo de las paredes del juego de pelota, algunos jugadores lleven como emblema un disco solar, mientras que otros llevan el de la estrella de siete puntas  Es éste un símbolo celeste y no un emblema casual, confirmado, según nuestra opinión, por el hecho de que por todas partes en Chichén Itzá se puede ver la imagen de una estrella de cuatro puntas en combinación con el símbolo del «ocho» para el planeta Venus, y que en otros lugares del noroeste de Yucatán, las paredes de los templos se decoraban con símbolos de estrellas de seis puntas .

El representar a los planetas como estrellas con diferente número de puntas es tan común que solemos olvidar cómo surgió esta costumbre: como otras tantas cosas, tuvo su origen en Sumeria.

Basándose en lo que habían aprendido de los nefilim, los sumerios no contaban los planetas tal como lo hacemos nosotros, desde el Sol hacia fuera, sino desde el exterior hacia el centro. Así, Plutón era el primer planeta, Neptuno era el segundo, Urano el tercero, Saturno el cuarto, Júpiter el quinto. Marte, así pues, era el sexto, la Tierra el séptimo y Venus el octavo.

La explicación de los expertos de por qué tanto los mayas como los toltecas consideraban a Venus el octavo es porque lleva ocho años terrestres (8 x 365 = 2.920 días) repetir un alineamiento sinódico con Venus por sólo cinco órbitas de Venus (5 x 584 = 2.920 días). Pero, si esto es así, Venus debería ser el «Cinco» y la Tierra el «Ocho».

El método sumerio nos parece mucho más elegante y preciso, y sugiere que las representaciones mayas/toltecas seguían la iconografía de Oriente Próximo; pues, como se puede ver, los símbolos encontrados en Chichén Itzá y en otros muchos lugares de Yucatán son casi idénticos a aquellos mediante los que se representaba a los distintos planetas en Mesopotamia .

De hecho, el empleo de símbolos de estrellas con puntas a la manera de Oriente Próximo se hace más insistente a medida que uno se mueve hacia el noroeste de Yucatán y su costa. Allí, en un lugar llamado Tzekelna, se encontró una notabilísima escultura, que se exhibe en la actualidad en el museo de Mérida. Esculpida a partir de un gran bloque de piedra, al cual la estatua aún está unida por su parte trasera, representa a un hombre de marcados rasgos faciales, posiblemente tocado con un casco. Tiene el cuerpo cubierto con un traje ceñido, con escamas o costillas. Bajo el brazo doblado, sostiene un objeto que el museo identifica como «la forma geométrica de una estrella de cinco puntas. Sobre el vientre, sujeto con correas, lleva un extraño dispositivo circular; los expertos creen que, por algún motivo, identificaba a los que lo portaban como dioses de las aguas.

En un lugar cercano llamado Oxkintok, se encontraron grandes esculturas de deidades que formaban parte de enormes bloques de piedra. Los arqueólogos suponen que habrían servido como columnas de apoyo estructurales en los templos. Una de ellas (Fig. 44) parece la homologa femenina del dios arriba descrito. Su escamado atuendo aparece también en varias estatuas y estatuillas de Jaina, una isla que se extiende cerca de la costa de esta parte noroccidental de Yucatán, en la cual se levantó un templo de lo más inusual. La isla habría servido como necrópolis sagrada porque, según las leyendas, era el lugar del último descanso de Itzamna, el dios de los itzaes -un gran dios de antaño que habría llegado sobre las aguas para desembarcar allí, y cuyo nombre significaba «aquel cuyo hogar es el agua».

Los textos, las leyendas y las creencias religiosas se combinan, de este modo, para señalar la costa del golfo de Yucatán como el lugar en donde un ser divino o deificado habría desembarcado para crear poblaciones y una civilización en aquellas tierras. Esta potente combinación, estos recuerdos colectivos, debieron de ser el motivo que impulsó a los toltecas a emprender el camino hasta este rincón de Yucatán, y concretamente hasta Chichén Itzá, cuando emigraron en busca de una reactivación y una purificación de sus creencias originales; un regreso al lugar en donde todo había comenzado, y en donde tendría que desembarcar de nuevo aquel dios que había dicho que volvería desde el otro lado del mar.

El punto focal del culto de Itzamna y de Quetzalcóatl, y quizá también de los recuerdos de Votan, era el cenote sagrado de Chichén Itzá -el enorme pozo que le había dado su nombre a Chichén Itzá.

Situado directamente al norte de la pirámide principal y conectado con la plaza ceremonial por medio de una larga avenida procesional, el pozo tiene en la actualidad algo más de 20 metros de profundidad entre la superficie y el nivel del agua, con otros treinta metros más o menos de agua y cieno más abajo. La boca del cenote, de forma oval, mide alrededor de 87 metros de larga y 52 de ancha. Existen evidencias de que el pozo se agrandó artificialmente y de que, en otro tiempo, hubo una escalinata que llevaba hacia abajo.

Aún se pueden ver los restos de una plataforma y un santuario en la boca del pozo; allí, según escribe el obispo Landa, se llevaban a cabo ritos para honrar al dios del agua y las lluvias, se arrojaba a doncellas en sacrificio y los fieles que se apiñaban alrededor echaban ofrendas preciosas, preferiblemente de oro.

En 1885, Edward H. Thompson, que se había ganado una gran reputación por ser el autor del tratado titulado Atlantis Not a Myth, consiguió que se le asignara un consulado de los Estados Unidos en México. No pasó mucho tiempo antes de que comprara, por 75 dólares, más de 250 kilómetros cuadrados de selva, en donde se encontraban las ruinas de Chichén Itzá. Haciendo de aquellas ruinas su hogar, Thompson organizó para el Museo Peabody de la Universidad de Harvard una serie de inmersiones sistemáticas en el pozo con el objetivo de recuperar sus sagradas ofrendas.

Sólo se encontraron alrededor de cuarenta esqueletos humanos; pero los buzos sacaron miles de ricos objetos artísticos. Más de 3.400 estaban hechos de jade, una piedra semipreciosa que era la más apreciada por mayas y aztecas. Entre los objetos había cuentas, varillas nasales, tapones para los oído, botones, anillos, pendientes, globos, discos, efigies, figurines... Más de 500 objetos llevaban grabados en los que se representaba tanto a animales como a personas. Entre estos últimos, algunos llevaban una visible barba , con un aspecto muy parecido al de las paredes del templo del juego de pelota .

Aún más significativos eran los objetos de metal que sacaron los buzos. Centenares de ellos estaban hechos de oro, y algunos de plata y de cobre -descubrimientos muy llamativos, dada la escasez de metales en la península. Algunos de los objetos estaban hechos de cobre dorado o de aleaciones de cobre, incluido el bronce, lo que indica una sofisticación metalúrgica desconocida en tierras mayas, y evidencia que los objetos se habían traído desde tierras distantes.

Pero lo más desconcertante de todo fue el descubrimiento de discos de estaño puro, un metal que no se encuentra en su estado nativo y que sólo se puede conseguir a través de un complejo refinado de minerales -minerales que están completamente ausentes en América Central.

Entre los objetos de metal, exquisitamente trabajados, había numerosas campanas así como objetos rituales (copas, lavamanos), anillos, tiaras, máscaras; ornamentos y joyas; cetros; objetos de propósito desconocido; y, lo más importante de todo, discos grabados o estampados con escenas de enfrentamientos. En éstas, personas con diferentes atuendos y de rasgos diferentes se enfrentaban entre sí, quizás en combate, en presencia de serpientes terrestres o celestes, o de dioses celestes. El dominante o héroe victorioso se representaba siempre con barba .

Es evidente que éstos no eran dioses, pues a los dioses celestes o serpiente se les mostraba por separado. Su aspecto, diferente del dios celeste alado y con barba , aparece en relieves grabados en paredes y columnas de Chichén Itzá junto con otros héroes y guerreros, como éste, con su larga y fina barba ,

martes, 17 de noviembre de 2015

LA MILENARIA CULTURA MAYA




LAS ULTIMAS PALABRAS QUE PRONUNCIO JESUS ESTABAN EN MAYA .

 
Las últimas palabras que pronuncia Jesús en la Cruz antes de morir corresponden al lenguaje ceremonial de los lamas que es el lenguaje Naga.
 
De acuerdo a investigadores Jesús aprende el idioma naga en el Tibet y es precisamente el idioma maya actual.

Esto es;

   HELI HELI LAMAH  ZABAC TANI “

 

Y quieren decir tanto en idioma naga, y maya.

 

 “PADRE, PADRE AL FIN ME SUMERJO EN LA PREALBA DE TU PRESENCIA “

 

Y no es un reclamo que según los evangelistas la hacia el Cristo a su padre.,

 

“PADRE PADRE POR QUE ME HAS ABANDONADO”

 

Bibliografía :

Educadores Del Mundo  de Ignacio Magaloni Duarte Ed. Costa Amic.








Una de las civilizaciones más fascinantes de la antigüedad habitó
las tierras que ahora delimitan los territorios de Belice, El  Salvador,  Guatemala, Honduras y México: El Mundo Maya. Para descubrir
sus secretos, te invitamos a aventurarte por sus caminos, a saborear
sus costumbres, a abrir nuestros sentidos y palpar en carne propia la
mágica energía que fluye inmutable desde hace siglos en esta región.
El llamado Mundo Maya comprende un área de 500,000 km2 , el Mundo
Maya nos sorprende en cada rincón. Tan sólo de México, ocupa 5
estados: Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. En cada
uno de ellos, así como en el resto de los países que lo conforman,
encontramos brotes de asentamientos humanos; en todo el territorio se
han descubierto más de 3,000 vestigios arqueológicos con sus
edificaciones de tipo piramidal, o conglomerados de pequeñas casas
muy similares a las que habitan los actuales mayas.



HISTORIA DE LA MILENARIA CIVILIZACION MAYA

    Al sur de la República Mexicana, en la Península de Yucatán y en
la parte norte de Centroamérica en países como Guatemala, Belice,
Honduras y el Salvador, surgió durante casi dos milenios y hasta parte
del siglo XVI de nuestra era, la civilización Maya. Esta área se
caracteriza por ser de un clima húmedo y tropical, de exuberante
belleza y una rica flora y fauna que hacen de ella, uno de los
lugares mas bellos e interesantes del mundo. Aquí se han descubierto
más ciudades que en el Egipto antiguo, pueblos cuyas tradiciones y
ritos han sobrevivido por más de 3000 años. selvas tropicales
impresionantes y un gran número de aves que hacen del Mundo Maya,
algo único para el visitante Internacional. También es un gran
destino turístico por la riqueza de sus recursos naturales y
culturales lo que permite satisfacer cualquier demanda del viajero
internacional; por sus atractivos arqueológicos , coloniales,
diversidad étnica y recursos naturales (playas, arrecifes, ríos, lagos
y cuevas), además de impresionantes centros de turismo cosmopolita
como Cancún, hacen que la zona sea un lugar incomparable.

MUNDO MAYA
    Mundo Maya se identifica en el espacio geográfico donde se
originó y desarrolló el variado y complejo acervo de conocimientos
científicos y culturales hoy conocidos como civilización  maya. Ocupa
alrededor de medio millón de kilómetros cuadrados, comprendiendo los
actuales países de Belize, El Salvador, Guatemala, Honduras y sur de
México(Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo). La
singularidad del Mundo Maya estriba en la variedad y riqueza de sus
atractivos turísticos, en un territorio con una extensión
relativamente reducida. Entre sus incontables atractivos tenemos
playas en tres mares (Pacifico, Atlántico y Caribe), el segundo
arrecife de coral mas grande del mundo, selva baja tropical, bosque
húmedo de altura, 50 volcanes, extensos lagos, que en conjunto abarcan                            mas de 800 kilómetros cuadrados, ríos de impetuosa corriente, 700 especies de aves, cerca de 100 centros arqueológicos visitables y m s de 1,000 por excavar, todavía ocultos por la selva,

Comunidades indígenas que aún conservan tradiciones de hace tres mil
años, monumentos impresionantes de la ‚poca colonial, artesanías de
gran originalidad y belleza, museos y mercados llenos de color,
diversidad de climas, gente hospitalaria y afable, fiestas, música y
bailes donde se mezclan tradiciones indígenas y españolas, variedad
gastronómica y un largo etc.

    Es importante señalar que este variado mosaico de atractivos no
es casual y disperso, pues en ‚l late siempre el corazón maya.
Facciones similares a las de los grandes gobernantes mayas esculpidos
en las estelas se pueden ver hoy en muchos de los habitantes de la
región. Los mayas de ayer y de hoy son profundos conocedores del
entorno que les rodea y del cual depende su subsistencia, por ello se
integraron a la naturaleza, no dominándola, sino como un elemento m s
de la misma que contribuye a su unidad y equilibrio. La escasez
actual de tierras y la introducción de costumbres y técnicas ajenas,
han obligado a muchos mayas a cambiar sus ancestrales estilos de vida.

La Organización Mundo Maya ha asumido la importante tarea de fomentar
el turismo como un medio para recobrar el equilibrio entre el hombre
y su entorno, mostrando al turista un mundo distinto en cuanto a su
cultura y naturaleza, integrado a las comunidades receptoras en el
desarrollo turístico de la región para que participen, también, en
los beneficios que reporte.

    La labor ser  larga y compleja, pero contamos con la colaboración
de los organizadores de viajes que promueven en sus mercados nuevos
estilos de viajar que enriquecen tanto al visitante como a sus
anfitriones.

LOS ANTIGUOS MAYAS

    Los especialistas dividen la historia de los mayas prehispánicos
entres periodos: Protoclásico, Clásico y Postclásico, a su vez
subdivididos en temprano, medio y tardío, comprendiendo un periodo de
tiempo de m s de tres mil años, desde su inicio hasta su colapso en
el siglo XVI. La civilización maya debe inscribirse dentro de las
grandes civilizaciones mesoamericanas, pues hubo rasgos culturales
comunes entre ellas (Olmeca, teotihuacana, zapoteca, mixteca, tolteca
y mexica), como el uso del calendario sagrado o adivinatorio, junto
con otro solar de 365 días, ciudades-estado gobernadas por una sola
persona que concentraba el poder político, civil y religioso,
sociedad estratificada, etc. La civilización maya tuvo, sin embargo,
características propias que la sitúan entre las grandes
civilizaciones de la historia de la humanidad, algunas de las cuales
conviene destacar: La precisión en la medida del tiempo, pudiendo
determinar una fecha pasada o futura con entera exactitud e indicando
la situación de la luna y Venus en el día elegido, aunque éste
distara varios miles de años en el momento del cálculo.


La expresión escrita, mediante una combinación de logo gramas y
signos fonéticos que permitían expresar cualquier idea o relatar
hechos. Fue la única civilización americana que realizó tal logro. La
utilización de un falso arco que permitió embellecer y dar espacio a
sus construcciones. La erección de estelas en ciclos de tiempo
regulares, inscribiéndose hechos históricos con sus correspondientes
fechas, acompañadas, frecuentemente, con el retrato del personaje que
mandó erigir la estela en tamaño natural.

    La cosmovisión integradora del espacio y del tiempo, la división
del mundo en cielo, tierra e inframundo, cada uno con sus habitantes
e interrelacionados a través del gobernante, verdadero intermediario
entre dioses, seres vivientes y antepasados difuntos. La combinación
de conocimientos astronómicos y matemáticos permitieron realizar
obras arquitectónicas que aun hoy serían difíciles de lograr, pues
muchos de sus monumentos debían tener una exacta posición en relación
con los puntos cardinales y el movimiento de los astros.



Hoy parece increíble que un pueblo fuera capaz de lograr ese grado de
civilización, en un medio geográfico generalmente hostil y por un
sélo grupo reducido de personas que constituían la elite dominante.
Asombra comprobar que los mayas utilizaron el concepto del cero al
menos 800 años antes que los europeos. Afortunadamente, la densa
vegetación cubrió los más de 1,000 centros ceremoniales que los mayas
construyeron y abandonaron en el periodo Clásico (250-900 d.C.),
época en la que los mayas supieron expresar en monumentos, estelas,
altares, cerámica y otros objetos su exquisito arte.
Desgraciadamente, muchos centros fueron saqueados, principalmente a
mediados del siglo XIX, cuando proliferaron los viajeros europeos y
americanos que se interesaron por esta tan notable y casi desconocida
civilización. En el siglo XX comienzan los estudios cientificos sobre
la civilización maya con la ayuda de diversas universidades
americanas y de los gobiernos de los países pertenecientes a la
región maya.



LA EPOCA COLONIAL

    La llegada de los españoles a los dominios de los mayas supuso un
cambio radical en la organización social, política y religiosa de los
pueblos aborígenes.

    De una estructura basada en el poder cívico, político y religioso
de los Halach Uinic en sus ciudades-estado, se pasó a una compleja
organización administrativa propia de las monarquías europeas, en
donde el Rey de España, nunca visto por los indígenas, era el nuevo
señor de todos los territorios.

    Una nueva religión se difundió y se impuso a las antiguas
creencias mantenidas durante siglos. Las técnicas de construcción
europeas, tanto en el diseño de las nuevas ciudades y pueblos, como
en los edificios civiles y religiosos, eran completamente extrañas a
los pueblos aborígenes, donde en sus centros ceremoniales sólo
habitaba la elite gobernante, quedando el pueblo llano diseminado en 
reas periféricas o lejanas a dicho centro.

    Siendo la agricultura la principal riqueza, la población se
dedicaba al cultivo del maíz, el frijol y la calabaza en las tierras
más propicias, a veces muy distante del centro ceremonial y de gobierno.

    El trazado de las nuevas ciudades y pueblos consistía en una laza
central, donde se edificaba la iglesia, el Ayuntamiento y el palacio
de Gobierno, los Tribunales de Justicia y la cárcel. De esta plaza
surgía un sistema ajetreado de calles, ocupando los europeos y los
caciques indígenas las calles m s próximas a dicha Plaza y el pueblo
llano la periferia. Desde los Reyes Católicos, la evangelización de
los indígenas fue un objetivo prioritario de la Colonia por lo que
diferentes órdenes religiosas, entre las que destacaron los
dominicos, franciscanos, agustinos, Jerónimo y, posteriormente, los
jesuitas, edificaron conventos e iglesias en todo el territorio
maya.  Este afán de evangelización hizo que la mayor parte del arte
colonial se centrara en la arquitectura, escultura, pintura y
orfebrería religiosa, siendo los grandes edificios civiles mucho
menos numerosos. La desarrollada cultura prehispánica, aunque en
decadencia en el momento de iniciarse el periodo colonial, había
formado arquitectos, escultores, epigrafistas, pintores, ceramistas y
orfebres del jade, obsidiana, etc. Por ello, la mano de obra
utilizada por los arquitectos y artistas europeos era hábil y
creativa,


Contribuyendo de forma eficaz y decisiva en la belleza y
monumentalidad de las muchas obras de arte realizadas en el periodo
de la colonia.

    Turísticamente, aún no se ha desarrollado suficientemente la
visita o explicación de las interesantes obras que se encuentran por
doquier en el Mundo Maya, de ese periodo histórico que forma parte
indisoluble del arte mesoamericano. Si comparamos los edificios
civiles y religiosos construidos durante la colonia, con las
realizadas en igual periodo en Norteamérica, la diferencia es
abrumadora, quizá s porque faltó en los aborígenes del norte el
acervo cultural de los mayas y se carecía de ese vendaval
evangelizador que se dio en la América Hispana. La austeridad y
ausencia de imágenes y decoración de la iglesia anglicana contrastaba
con el esplendor del barroco latinoamericano. En el Mundo Maya se
conservan notables obras de arte del periodo colonial. San Cristóbal
de las Casas, Campeche, Mérida, La Antigua Guatemala, Quetzaltenango,
Esquipulas, San Salvador, San Miguel, Comayagua, Valle de los Angeles
y otros muchos pueblos son ejemplos de aquel arte que unió a España y
a los artistas mayas durante tres siglos.


La evangelización llevó consigo la enseñanza de la lectura y
escritura, y pronto los aborígenes aprendieron el alfabeto latino y
expresaron en sus lenguas nativas numerosas obras literarias en las 
que quedaron reflejadas sus historias, creencias y costumbres.

    Aunque la mayor parte de la arquitectura corresponde al estilo
barroco, también se encuentran en la región notables obras de estilo
mudéjar, gótico, renacentista, plateresco y neoclásico. Con la
introducción del telar de pie se incrementó la producción de
textiles, llegando a alcanzar hasta nuestros das una variedad y
exquisitez difícilmente superadas en otras regiones del mundo.



LOS MAYAS DE HOY



    Una faceta escasamente conocida por el turismo internacional es
la riqueza técnica del Mundo Maya. Cuando los españoles llegaron a
esta región centroamericana no se encontraron con espacios
despoblados o con aborígenes nómadas o agricultores de incipiente
técnica. La cultura maya, y la de otros grupos étnicos vecinos,
habían logrado una elaborada organización social, una cosmovisión
propia, un sistema agrícola avanzado, una especialización artesanal y
un comercio desarrollado. Aunque a principios del siglo XVI había
decaído el desarrollo cultural de los mayas, con el abandono en el
siglo X de los grandes centros que fueron foco de su evolución
técnica y social y un transitorio rebrote activo en el norte de
Yucatán en los siglos XII y XIII, el pueblo maya aún conservaba gran
parte de su acervo cultural a la llegada de los españoles. Durante el
periodo colonial se impuso, sobre todo en su comienzo, la cultura
europea sobre la indígena. Quizás la principal influencia sobre los
pueblos nativos la ejercieron los misioneros. La aceptación,
prácticamente obligada, de una nueva religión sacudió las raíces de
los mayas, cuya religión vernácula regía prácticamente todas las
facetas de su vida, desde el nacimiento hasta la muerte.



El catolicismo tenía, sin embargo, ciertos puntos comunes con su
religión ancestral: numerosos santos una y numerosas divinidades la
otra; el bautismo católico y el horóscopo maya del recién nacido;
sacerdotes tanto en una como en otra, vida ultraterrena de similar
significado en ambas religiones, etc. Siendo España la cofradía o
hermandad religiosa una institución derivada de la organización
gremial, que tuvo gran auge en la Alta Edad Media y al principio del
establecimiento de las monarquías europeas, los indígenas toleraban,
en principio, la cofradía traída e impuesta por los misioneros en
América, como una institución religiosa y social, encontrando
después‚s en ella el medio m s adecuado para conservar parte de sus
creencias y costumbres ancestrales que con el tiempo unificaron con
los ritos y ceremonias de la nueva religión.

Los conceptos de espacio y tiempo fueron desarrollados por los mayas
para encontrar la guía que el hombre debía seguir a lo largo de su
existencia. Espacio significa la sacralización de la naturaleza y el
concepto del tiempo le da un sentido unitario a la vida. La
naturaleza, llamada la Madre Tierra, que se caracteriza por la unidad
de los diferentes elementos que la componen, la armonía entre todos
ellos y la integración de cada uno en el conjunto. El hombre es uno
de esos elementos componentes, no el dueño de los demás.

El concepto del tiempo les proporcionaba a los mayas la conciencia de
grupo. La constante observación les permitió determinar la
periodicidad del movimiento de los astros y de los acontecimientos
terrenos y, como consecuencia, la trascendencia vital. Esta elaborada
concepción del mundo, a pesar del trauma de la conquista, aún pervive
en muchas comunidades mayas, pues la Religión Católica, primero
impuesta y después asimilada, no era contradictoria en todas sus
bases a la antigua cosmovisión maya.



Hoy se extiende la preocupación por la conservación del medio
ambiente, pues el hombre, comenzando por los países más ricos, ha ido
destruyendo su entorno natural al sentirse dueño absoluto de la
naturaleza, mientras que los mayas de ayer y de hoy sabían que era
solamente un componente más de ella. El maya reza antes de la
siembra, pide la lluvia, ora por la buena cosecha y agradece a la
Madre Tierra
el haberle favorecido en la obtención de sus alimentos

básicos. Si actualmente los mayas pueden seguir técnicas que
destruyen el bosque, se ha debido principalmente a haberles
desposeído de sus tierras ancestrales. Todo este patrimonio cultural,
patrimonio de treinta siglos de historia, aún se conserva en muchas
comunidades del Mundo Maya. 



El turista que busca conocer nuevos paisajes, nuevos mares, antiguas
civilizaciones, encontrar  en el Mundo Maya una nueva experiencia,
pues prácticamente ninguna civilización del pasado ha conservado en
sus territorios los descendientes directos de sus antepasados que
conservan, además, gran parte de sus creencias y costumbres.
Veintiuna lenguas mayas habladas, ceremonias y fiestas ancestrales,
elaboración de artesanías de gran variedad y belleza, medicina
natural, diversidad de trajes, música autóctona y otras  muchas
manifestaciones culturales son algunos de los atractivos que el Mundo
Maya ofrece a sus visitantes, aunque el principal, quizás, sea
comprobar que aun hay pueblos cuya existencia est  orientada hacia
algo m s que el consumismo e individualismo que llevan a la soledad y
a la insatisfacción.


EL Mundo Geográfico de los Mayas

    Durante la época Prehispánica, los mayas habitaron un extenso
territorio con diferentes climas y variada vegetación; Montañas y
planicies, selvas con alta precipitación pluvial y sitios secos,
tierras con ríos, lagos y cascadas, y una buena extensión de costas.
La zona maya comprendía lo que en la actualidad son los estadios de
Quintana Roo, Campeche, Yucatán, Tabasco y el oriente de Chiapas en
México; Guatemala, Belice y la parte poniente de Honduras y el
Salvador en Centroamérica.

    Dentro de esta zona existen tres grandes áreas naturales: la
primera, o área Sur, está ubicada en la Costa del Pacifico, las
tierras altas de Guatemala, parte de Chiapas y de El Salvador. En la
meseta alta hay varios lagos como el Amatitlàn, el Atitlàn y el
Izabal, que tuvieron su origen en actividades volcánicas, y también
el lago Guaja localizado entre Guatemala y El salvador, en tanto que
hacia el oriente se encuentra el lago Ayarza.


Toda esta área tiene árboles frutales y maderables una gran variedad
de especies animales, destacando entre las aves el quetzal, que los
mayas consideraban sagrados por creer que era representante de los
dioses.

La segunda, o área Central, es la más extensa y comprende la cuenca
interior del Departamento de El Petèn en Guatemala, engloba parte de
Honduras y Chiapas, Tabasco y el sur de la península de Yucatán. Se
trata de una selva tropical con clima caluroso y húmedo; tiene varios
ríos destacado el Grijalva que desemboca en el golfo de México y
otros, como el Holmul, el Hondo, el Sarstùn y el Mopàn que llegan al
mar Caribe.

    Esta zona de selva y pastizales es muy rica en árboles de maderas
preciosas como el cedro, y contiene también la fauna más variada de
la zona maya.



La tercera, o área Norte, abarca la mitad septentrional de la
península de Yucatán, de tierras calizas y planas a excepción de La
Sierrita
, también llamada Puuc, que corre de Campeche a Yucatán y

tiene una altura de 200 metros sobre el nivel del mar. Es una zona
excesivamente seca, con vegetación formada por arbustos bajos y gran
cantidad de hierbas medicinales. Existen tres pequeños ríos: el
Lagartos, el Hondo y el Chapotoon y un lago, el Bacalar.  En esta
tierra cálida, donde se filtra el agua de lluvia se forman depósitos
subterráneos llamados cenotes, que aparecen al caer la cubierta de
las cuevas y que han tenido gran importancia, ya que suministraban el
agua necesaria para la vida de la población. Los antiguos mayas
fundaron algunas ciudades cerca de ellos, una de las más
sobresalientes fue la de Chichén Itzá en cuyo Cenote Sagrado se
hacían ofrendas en honor de Chaac, dios de la Lluvia, arrojando a sus
aguas seres humanos, hule, jade, vasija, cuentas y objetos de oro.


Orígenes – Historia

    Antiguamente, los mayas formaban diferentes grupos que compartían
una tradición histórica común. Por lo anterior sus aspectos
culturales eran similares aunque también presentaban características
locales peculiares, rasgos físicos parecidos y hablaban idiomas
pertenecientes a un mismo tronco lingüístico.

    En los estudios realizados respectos a la lengua maya, se ha
concluido que, torno a 2500 a.C., existió un grupo protomaya donde
actualmente se localiza Huehuetango en Guatemala, cuyos miembros
hablaban el mismo idioma, llamado también protomaya por los
investigadores y que, con el transcurso de los años, se subdividió en
diferentes lenguas mayences. Posteriormente, los hablantes de ese
idioma llamado también protomaya por loas investigadores y que, con
el transcurso de los años, se subdividió en diferentes, lenguas
mayences. Posteriormente, los hablantes de ese idioma emigraron a
otros lugares y se sentaron en los distintos sitios donde, más tarde,
se definiría el área maya y surgiría su alta cultura.



Aquellas migraciones originaron tanto la separación de los distintos
grupos, como la relación de éstos con personas de otras culturas.
Esto ha dado lugar a la formulación de distintas teorías acerca del
sitio donde la cultura maya tuvo su origen. Para algunos
investigadores fue en el norte de Tabasco y el sur de Veracruz, lugar
en el cual los grupos alternaron con los olmecas. Una segunda teoría
se inclina a pensar que surgió en las montañas de Guatemala, donde
iniciaron una sociedad agrícola, cultivando maíz y trasladándose
posteriormente al norte y al oeste, donde fueron influidos igualmente
por la cultura Olmeca. La cultura Olmeca es tenida por la cultura
madre, dado que de ella derivan los elementos que dieron cimiento al
desarrollo de otras importantes culturas en el área mesoamericana.
Entre los elementos culturales más destacados legados a los mayas por
los Olmecas pueden citarse: diferentes rasgos arquitectónicos y el
sistema numérico y calendario elemental en base a una secuencia
vigesimal, que después evoluciono en el exacto calendario maya.



La cronología de la cultura maya es semejante a la de toda
Mesoamrica, aunque presenta una secuencia más precisa debido a la
interpretación de sus jeroglìferos cronológicos, que han sido
relacionados con el calendario actual. Basándose en ello, el
investigador J. Eric S. Thompson señala los siguientes periodos:



    Formativo o Preclásico: de 500 a. C. A 325 d. C. La cultura maya
empieza a delinearse, especialmente en las figurillas de barro
antropomorfas, donde representaron los rasgos físicos típicos de la
población de aquella época. Lo anterior también puede apreciarse en
la ornamentación de sus primeras edificaciones.

Periodo Clásico: de 325 a 925 d.C. se encuentra subdividido en:
Clásico Temprano, de 325 a 625 d.C., cuando finalizaron la sin
fluencias extrañas y surgieron las formas propias, como el arco
corbelado en la contracción y el registro de fechas históricas con
base en jerogliferos; el registro de fechas históricas con base en
jeroglífico; el Floreciente, de 625 a 800 d. C., en el que las
manifestaciones culturales llegaron a su máximo esplendor en
matemáticas, astronomía, escritura, jeroglífica, cerámica, escultura
y arquitectura, y el Colapso, de 800 a 925 d. C., tiempo en el que la
cultura se deterioró y los centros ceremoniales fueron abandonados. 
Transcional o Interregnum: de 925 a 975 d.C. Marca el descenso del
nivel cultural casi a la altura del formativo. Maya- Tolteca o
Mexicano: de 925 a 1200 d.C., En esta época, en la que llegaron
influencias de los grupos de habla náhuatl y de cultura tolteca del
centro de México, surgió el culto a Quetzalcóatl, llamado en maya
Kukulcan. Se realizaron alianzas entre los pueblos gobernados por
familias mayas y otros dirigidos por familias de origen náhuatl.

Periodo de absorción Mexicana: de 1200 a 1540 d. C. Época en la que
surgieron diversos conflictos, se rompieron las alianzas y hubo
enfrentamientos bélicos que dividieron a la población y empobrecieron
más la cultura. Cuando los españoles arribaron a la zona maya, los
grandes centros ceremoniales estaban abandonados y la cultura se
hallaba en total decadencia. El primer encuentro ocurrió en 1511, al
hundirse una embarcación de la expedición de Valdivia que hacia el
recorrido de Panamá a Santo Domingo. Dos supervivientes, Gonzalo
Guerrero y Jerónimo de Aguilar, fueron hechos prisioneros por los
mayas; Guerreros se adoptó a sus costumbres, se casó y tuvo
descendencia, llegando inclusive a luchar junto a los mayas contra
sus compatriotas; en tanto que Aguilar permaneció como esclavo y, en
1519, se unió a Cortés siendo uno de sus interpretes durante la
Conquista
de México.




  Yucatán fue descubierto en 1517 por Francisco Hernández de Córdoba
y, entre 1523 y 1525, Pedro de Alvarado conquisto el territorio
guatemalteco. En 1526, Francisco de Montejo el viejo inició la
conquista de la Península y Francisco Montejo el Joven, hijo del
anterior, terminó la obra de su padre, fundando Mérida en 1542 y
Valladolid en 1543. El último reducto maya, Tayasal, ubicado en el
lago Petèn Itzà, no fue dominado por los españoles hasta 1697.

Organización Social


    En el periodo Preclásico Inferior, la Sociedad maya estaba
compuesta por grupos familiares que compartían la misma lengua,
costumbres y territorio. Se reunían para cultivar la tierra y
realizar actividades de pesca, caza y recolección con la finalidad de
obtener elementos para su subsistencia.

    Posteriormente, cuando la agricultura alcanzó un mayor
desarrollo, se construyeron sistemas de riego y se diversificaron los
cultivos, destinos algunos al comercio. La población creció en forma
considerable, iniciándose la edificación de las ciudades y los
grandes centros ceremoniales, alrededor de los cuales se asentó la
gente del pueblo. Como resultado de la división del trabajo,
aparecieron las diferentes clases sociales.

En el periodo Clásico aumentó el número de ciudades y de centros
ceremoniales. Allí residían la clase dirigente dedicada al gobierno,
los sacerdotes y especialistas así como los arquitectos encargados de
la planificación de templos, palacios y edificios públicos, los
astrónomos e intentaban encontrar la armonía del Universo y los
ciclos recurrentes de tiempo y los escribas, cuya misión era notar en
los códices los acontecimientos históricos importantes, las creencias
míticas y religiosa, las genealogía de los grupos gobernantes y las
hazañas de guerreros destacados, todo con un complejo sistema de
escritura jeroglífica.

    Es un estrato intermedio estaban los albañiles encargados de la
construcción, los sirvientes de los gobernantes, los alfareros y
otros artesanos. Finalmente, en los alrededores de las ciudades y los
centros ceremoniales, habitaba la clase inferior, formada por
pescadores y cazadores, así como los agricultores. También existieron
esclavos, llamados pentacoob en maya que, por lo general, eran
prisioneros de guerra, hijos de esclavos y huérfanos.



Al terminar el periodo Clásico, y a lo largo del Postclásico,
continuó la división social en clases, aunque el poder religioso y
político, antes concentrado en una sola persona, se dividió. Los
gobernantes estaban encabezados por el Ahau Uinic (hombre verdadero)
y los sacerdotes por el Ahau Can (señor serpiente), teniendo cada uno
de ellos delimitadas sus labores.

    En el periodo Maya- Tolteca o Mexicano comenzaron a llegar los
grupos de habla náhuatl y cultura tolteca a la península de Yucatán,
éstos ejercieron influencias tanto en la cultura material como en las
costumbres. Por último, en la cultura material como en las
costumbres. Por último, en el periodo de absorción Mexicana,
surgieron conflictos bélicos que provocaron el derrumbe de la
organización social y el abandono de las ciudades

Comercio

El comercio fue una importante actividad, realizada tanto a nivel
regional como con sitios más apartados de la Zona maya y de
Mesoamrica. Se establecieron rutas comerciales entre diferentes
lugares, con objeto de transportar productos como vainilla, hule,
plumas, pieles de jaguar, tabaco y miel; así como conchas, pescado
seco y perlas procedentes de la costa hacia el centro de México y a
las altiplanicies Chiapas, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y
Panamá.

El comercio era una actividad realizada por mercaderes de la
clase donde y que transportaban sus productos cargados por esclavos, a
través de rutas terrestres o por los grandes ríos y el mar, en canoas
de gran tamaño.

Por lo regular, el comercio se hacía mediante el intercambio, de
los diversos productos, aunque también se utilizaban los granos de
cacao a manera de moneda.





Religión



Dentro de la cultura maya la religión tuvo capital importancia,
ya que perneaba todos los aspectos de la vida. Los sacerdotes tenían
influencia entre la elite y el pueblo, puesto que dirigían las
ceremonias y ritos para propiciar lo sobrenatural, que estaba regido
por los diferentes dioses. Los dioses encarnaban las fuerzas de la
naturaleza, los astros, la lluvia indispensable para la supervivencia
y la muerte. Entre las deidades que veneraban mediante ofrendas,
festividades, penitencia y autosacrificios, se encuentran Chaac, dios
de la Lluvia y los rayos; Hunab Ku, el dios Creador, Itzamná, el
señor de los Cielos; Ixchel, diosa de la Luna y el parto; Ik, dios
del viento; Ek Chuac, patrono del cacao y dios de la Guerra y Ah
Puch, dios de la Muerte al que también se denominaba Yum Kimil o
Kisin. Más tarde, durante la época de influencia de la cultura
tolteca, legada del Altiplano, también fue objeto de culto el dios
Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que en maya recibió el nombre
de Kukulcán. Los dioses eran también simbolizados bajo formas
animales, por ejemplo: lluvia como serpiente, el sol como jaguar o
guacamaya y la muerte como búho o
murciélago.                                                  Así en
esculturas, pinturas y monumentos, las deidades llegaron a ser
representadas como seres fabulosos, incorporando en ellos formas
animales y humanas adornadas con motivos vegetales o bien como
colmillos, garras y plumas. Concebían el Universo conformado por tres
planos: Cielo, Tierra e Inframundo. En el Cielo, que esta divido en
trece planos, habitaban los astros que eran dioses e Itzamná, el dios
supremos, quien proporcionaba vida a todo el cosmos. Pensaban que la
Tierra
era parecida a una placa plana flotando en el agua, vista

también como un enorme cocodrilo con vegetación sobre el lomo. El
Inframundo tenía nueve planos, en el más recóndito se encontraba la
residencia de Ah Puch, la deidad de la Muerte, que por lo regular era
representada con un esqueleto humano. Cielo, Tierra e Inframundo se
dividían, a su vez en cuatro sectores que concordaban con los puntos
cardinales; a cada uno de ellos le correspondía un color
característico y en cada uno había una Ceiba, considerada árbol
sagrado
, del mismo color; mientras que en la parte central se hallaba

la gran Ceiba madre, que tenia por el eje del mundo.       



Creían que los dioses habían destruido y vuelto crear al Universo
varias veces, durante las cuales los hombres habían evolucionado para
ser mejores, hasta arribar al mundo de su época, donde el hombre
había sido hecho con mas de maíz y tenía la obligación de honrar y
alimentar a los dioses con ofrendas y sacrificios parque ellos, a su
vez, mantuvieran la existencia de cosmos.


Juego de Pelota

    El juego de pelota, llamado en maya pok ta pok, fue un ritual
notable practicado en varias partes de Mesoamrica. En casi todas las
ciudades mayas hubo canchas para su relación, que tenían planta con
forma del I latina y muros en talud, o verticales, donde se colocaban
los marcadores; y en lo alto de las plataformas estaba el sitio para
los espectadores. Las canchas se construían en los centros
ceremoniales; en sus muros se tallaban relieves alusivos a su
significado con aspectos míticos y cósmicos. La pelota reproducían
los movimientos de los astros en el Cielo y los contrincantes, en
muchas ocasiones, escenificaban simbólicamente la lucha del día
contra la noche o la pugna de las deidades del Inframundo contra los
dioses del Cielo.
Con frecuencia el juego se asociaba con ritos de decapitación
cuya finalidad era proporcionar la fertilidad de la tierra.
Algunos señalan que se decapitaba al capitán del equipo ganador,
otros suponen que era a los perdedores y, otros más, indican que se
sacrificaba a prisioneros de guerra.






Sin embargo, el juego era también una diversión que ponía de
manifestó la destreza de los jugadores, pues la pelota, de hule
macizo se impulsaba con las caderas para posarla de uno a otro de la
cancha anotando tantos, pero intentando hacerla pasar también a
través de uno de, los anillos de piedra incrustados en las paredes
laterales de la cancha y esto, que solamente se lograba por su
dificultad en contadas ocasiones, daba el equipo que lo conseguía el
triunfo de inmediato. Los espectadores realizaban apuestas a favor de
su equipo, poniendo en evidencia el aspecto profano que también tenía
el juego.


Astronomía

    La astronomía tuvo entre lo mayas una gran importancia.

    Edificación construcciones especiales para la observación de los
astros, como el Caracol en Chicen Itzá y el Grupo E en Uaxactún,
desde donde midieron la aparición y la puesta de los astros en las
diferentes estaciones del año.

    Registraron el ciclo anual del Sol de 365 días y el ciclo lunar
con un pequeño margen de error. Elaboraron tablas de los eclipses
solares que ocurrían en un periodo de 33 años calculando los ciclos
de Marte, Júpiter y Saturno; al igual que el movimiento de algunas
constelaciones, como las Pléyades, a las que dieron el nombre de
Tzab, que significaba cascabel de serpiente y de Géminis, a la que
denominaron Ac que quiere decir tortuga.



Con esos conocimientos crearon dos calendarios, uno solar llamado
Haab, de 365 días, compuesto por 18 meses de 20 días más 5 sobrantes
denominados uayeb, y otro ritual denominado Tzolkin de 260 días,
formado por 29 signos y 13 numerales, que era utilizado para indicar
las fiestas de los dioses y para predecir el destino de los hombres.

    Por lo regular combinaban ambos, pues citaban una misma fecha
tanto en el Tzolkin como en el Haab. Para fijar un día, en cierto
año, cada día presentaba una nueva combinación en cierto año, cada
día presentaba una nueva combinación y para que se repitiera la
primera debían pasar 18,980 días o sea que el día se repetía cada 52
años solares y 73 años rituales, ciclo ése al que los especialistas
han dado el nombre de Rueda Calendárica.

Escultura

    Para la elaboración de esculturas, los artistas mayas utilizaban
cinceles de basalto, obsidiana y sílex; mazos y martillos de pedernal
y madera, y cuchillos de obsidiana, con los que trabajaron la piedra
caliza que trasladaban en bloque hasta el lugar donde se haría el
monumento. En dicha piedra se esculpían motivos rituales, míticos,
históricos y simbólicos, generalmente acompañados con glifos
calendarios.

    En sus esculturas puede observarse el simbolismo característico
de la cultura maya que, con el paso del tiempo, fue proporcionando a
las obras una impresión de serenidad, balance en las proporciones,
dimensión y profundidad; re produciendo a deidades, gobernantes y
sacerdotes con elaborada indumentaria y a personajes diversos. Las
estelas con fechas significativas, los monopolios esculpidos y las
distintas esculturas se colocaban en plazas, patios y entradas de
templos y palacios; así mismo solían esculpir motivos decorativos en
tableros, columnas, dinteles y cámaras ceremoniales.


En el clásico Temprano, se elaboraron estelas con figuras humanas,
tanto de perfil como de frente, diferentes representaciones
Zoomorfas. Mientras que las figurillas de barro fueron primeros
toscas, como las hechas en los siglos I y II d.C.; con el tiempo se
refinaron hasta llegar a tener la perfección que muestran las
procedentes de la isla de Jaina en Campeche.

    Más tarde se hicieron figuras en madera y luego en piedra estuco,
obsidiana y jade. En el Clásico, por lo general, los seres humanos se
representaron de pie y de perfil y posteriormente, se hicieron
figuras sentadas. El máximo esplendor de las esculturas se alcanzó en
la etapa floreciente del periodo Clásico.

    Al ocurrir el Colapso, las expresiones artísticas decayeron y la
escultura se tornó únicamente decorativa, presentándose poco después
en Yucatán la influencia de la cultura tolteca. Después, durante el
Postclásico, hubo un ligero resurgimiento en la escultura, aunque en
general, no llegó a tener la importancia de épocas anteriores.


Cerámica

    La cerámica maya se elaboró tanto para su uso doméstico como
ceremonial y decorativo, usando moldes, trabajando bloques de
material directamente o dando forma a los objetos con tiras y bolas
de barro, endureciendo las piezas terminadas al aire libre. Hubo gran
cantidad de formas tales como: figurillas, urnas, inciensos, vasijas,
ollas, etc.; así como distintos estilos que los estudiosos han
agrupado en diferentes fases: la Formativa o Preclásica que se
caracteriza por objetos rudimentarios de barro rojo o gris y diseños
monocromos; Clásico temprano, cuando la técnica tuvo un desarrollo
considerable, las formas se diversificaron y se usaron colores en la
decoración de las geométricos multicolores, grabados o pintados sobre
fondo amarillo con temas plasmados de manera realista y   frecuente
asociados con glifos calendáricos.

Finalmente, en el Postclásico, Yucatán surgió como centro alfarero
y crearon nuevas técnicas, pero sin superar el esplendor de la fase
anterior.


Pintura
La pintura presenta gran cantidad de elementos simbólicos como
máscaras, serpientes, signos astronómicos, elaborados tocados de
plumas y glifos, puesto que el sentimiento mítico y religioso hacía
que los artistas mayas enfatizaran las características que según sus
creencias, tenían los seres sobrenaturales. La presentación pictórica
del ser humano fue muy importante, pero resaltando siempre sus
atributos simbólicos. Así, pintaron en muros y vasijas a guerreros,
sacerdotes y deidades con diferentes colores y variados atuendos y
ornamentos y por lo general participando en ceremonias y rituales. En
las pinturas murales de templos, tumbas y pirámides, como en Tikal,
Uxmal, Palenque, Chichén Itzá, Tulum, Yaxchilán, Uaxactún y Bonampak
hay representaciones antropo y Zoomorfas, y existen ejemplos de
diferentes periodos que según su antigüedad, varían en su estado de
conservación. Otras formas pictóricas se aprecian en los códices y en
las piezas de cerámica, donde puede observarse el colorido que las
decora, como el clásico "azul maya".
Arquitectura

    Desde el periodo Formativo, se comenzaron a hacer algunas
edificaciones arquitectónicas que tenían influencias de otras
culturas, en especial de la Olmeca. Posteriormente, la arquitectura
maya estuvo matizada por ideas míticas y religiosas; por ello, en el
centro de las ciudades se levantaron templos y palacios, ciudades y
juegos de pelota; en tanto que las casas de la gente del pueblo se
construyeron en los alrededores.

    En el periodo Clásico surgieron los elementos arquitectónicos
propios, como el llamado arco corbelado o arco maya, las terrazas
superpuestas, las moldaduras, las cresterías y las columnas que al
mezclarse, dieron lugar a distintos estilos arquitectónicos conocidos
como: estilo Petén, con edificaciones con base en terrazas
escalonadas, muros gruesos, cuerpos en talud, escaleras fuera de la
fachada, cresterías altas encima del muro posterior y ornamentación
con mascarones de estuco. Se encuentran en sitios como Clakmul en
México, Tikal y piedras Negras en Guatemala.
El estilo Palenque tiene rasgos como basamentos de cuerpos
verticales, escaleras con alfardas, fachadas decoradas con figuras de
estuco, cresterías en el muro del centro y templos de dos cámaras;
siendo la posterior usada como santuario, estilo que ésta presente en
Yaxchilán, Palenque y Bonampak en México y Copan; Honduras y Quirigúa
en Guatemala. En el interior del Templo de las Inscripciones, en
Palenque, se encontró en 1952 una cámara mortuoria y en junio de 1994
se descubrió en un edificio conexo, otra tumba con la misma
magnificencia de la primera. El estilo Río Bec se caracteriza por el
uso de basamentos piramidales estilizados, escalinatas figuradas que
semejan altas torres a los lados del templo y la ornamentación hecha
con mosaicos de piedra. Se observa en Xpuhil, Río Bec y Hormiguero en
México. El estilo Chenes se desarrolló junto con el Puuc y los dos
presentan elementos parecidos, como son los basamentos de cuerpo
escalonados en talud, cresterías en la parte frontal, columnas y
frisos verticales y la decoración basada en mosaicos de piedra que

se configuran en mascarones, columnillas, celosías, tamborcillos y
paneles. Está presente en Labná, Kabáh, Uxmal, Sayil, Hochob y Edzná
en México.

    En Uxmal están algunas de las edificaciones más hermosas de este
estilo, como la Pirámide del Adivino y el Palacio del Gobernador.

    El estilo Puuc tiene diferencias principalmente en la decoración,
hecha con piedra labrada y recortada en forma de mosaicos puestos en
los frisos y no en toda la fachada.

Por último, el estilo Mexicano o Maya - Tolteca surgió por influencia
de la cultura tolteca, aunque también tiene elementos, las escaleras
con cabezas de serpientes en la parte inferior y los altares
decorados con cráneos, como en Chichén Itzá, Tulum y Mayapán en
México.

Los Mayas de Hoy

    Los grupos que hablan idiomas pertenecían al trono lingüístico
maya viven en poblaciones ubicadas en la zona donde sus antepasados
crearon su alta cultura. Tienen patrones económicos, sociales,
religiosos y culturales diversos que, a su vez, presentan rasgos
comunes.


Su religión combina creencias prehispánicas y católicas; honran a
las deidades de la naturaleza y hacen rituales para el control del
tiempo y la curación de enfermedades dirigidos por especialistas en
lo sobrenatural, rinden culto a los santos y celebran festividades
del santoral católico.

En lo organización político ,religiosa conservan, igualmente,
elementos prehispánicos y coloniales, mediante un elaborado sistema de
cargos para el servicio de la comunidad. Viven en asentimientos
dispersos con la población principal donde está iglesia y la casa
municipal en la parte central, ya que la mayoría de las casas
habitación se encuentran situadas en los parajes de los alrededores.