Hombre que lees y en cuyas venas quisas corra la sangre Maya:
Piensa, pondera, indaga la verdad del destino que se urde en el
Sagrado Reino del Mayab, mas allá de la cumbre de los montes andinos y quizás
también brille su luz en tu corazón.
Piensa en la Luz, siente su Amor y pondera que esa luz tiene un
poder que dice de sí misma: YO.
Y ese YO crecerá en ti y su fuego fundirá la legión de demonios
que a cada desatino a que te inducen en el sueño que tú llamas vigilia,
también dicen de sí mismos: 'yo'.
Son muchos "yo' que te dominan y que chupan tu
sangre, la sangre que te llega del Reino del Mayab.
Sé tú el Amo, sé tú un solo, íntegro YO, ese YO al que tanto
ama la Sagrada Princesa Sac-Nicté.
Uno de esos 'yo' que tanto te confunden quizás te haga pensar
también que el destino es aquello que ocurre en el tiempo que media entre
la cuna y el sepulcro.
Y te dirá que el destino que media entre el sepulcro y la cuna
es una locura.
Así es con muchos, con los más y así ha ocurrido siempre y
seguirá ocurriendo en la vida del barro porque los hombres de barro
dormidos siempre están y no les ha sido dado comprender que todo hombre es
también la Humanidad, que cuanto él sufre o goza, es también la Humanidad quien
sufre o goza, y todo cuanto le aguarda a él también le aguarda a la
Humanidad.
Dura palabra de llevar y dura realidad que soportar para el
hombre de barro.
El hombre ha olvidado que no hay destino que sea individual del
todo, pero aquel que busca y que recibe el beso de la Sagrada Princesa
Sac-Nicté y oye la Silenciosa Voz del Gran Señor Escondido en lo Más Alto
del Sagrado Reino del Mayab, ya queda individido y deja a un lado la
ilusión individual y no busca otro destino que aquel que es el destino del
Mayab.
En el hombre de barro sólo hay una ilusión de destino
individual, y por eso especula con palabras lindas y con palabras necias
que únicamente le hacen verse aislado y separado de cuanto le rodea y de
todo cuanto va tejiendo el destino común.
Y este destino es aquel en el que lo de Abajo siempre tiende a
reunirse con lo de Arriba y así vive bajo la ley que se llama del Bien y
del Mal.
Porque en este destino la serpiente se arrastra en la Tierra y
sólo ve hacia adelante y atrás y no tiene el plumaje del Cóndor que le
preste alas para emprender el vuelo más allá de la cumbre de los montes
andinos.
Más allá de esa ley está el sagrado beso de la Princesa
Sac-Nicté que ilumina el destino.
Quien no busca ese beso está muerto.
Y vivir es buscar la verdad del destino, y no huirle.
Quien no busca en sí mismo la verdad del destino no vive porque
su sangre no hierve con el ardor del fuego del linaje Maya.
Y en el sopor de esta muerte animada hasta podrá soñar que es
libre, que tiene un propio destino y hasta quizás llegue a convencerse que
ese mismo sopor en que existe es el cumplimiento de su verdadero destino.
Está bien que así sea, porque eso también es verdad.
Pero los hay que aún afirman que son arquitectos de su propio
destino... como si el hombre que vive anhelando el Mayab pudiese hacer algo
que no fuese el destino del Reino del Mayab, el destino inmortal.
Ese 'propio' destino es un hondo sopor.
Se
publico en
http://groups.msn.com/GRANFRATERNIDADMAYA
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